Ajanta como diseñadora de interiores

Soy una de esas personas que siempre se ha visto diferente. Mi forma de mirar a mi alrededor nunca coincidió con la perspectiva desde la cual miraban los demás. Sin embargo, lo que en mi vida personal significaba no encajar, en lo profesional me permitió un desarrollo creativo libre, ligero, que los demás han valorado y respetado.

Mi capacidad de observación, la sensibilidad para percibir los detalles y la manera en la que influyen entre ellos genera en mí una energía creativa fructífera y llena de posibilidades técnicas.

La comunicación visual que establezco entre lo que el cliente desea y lo que es posible llevar a la práctica se plasma en los proyectos de hogares armonicos y funcionales donde sus dueños no se ven obligados a buscar "lo bueno" fuera sino que se ven reflejados en sus casas: en cada acabado, cada detalle así como en una  distribución fluida y natural. Todo en nuestra vivienda refleja lo fugaz y lo permanente de la vida, como si del ciclo vital de un organismo se tratara. El diseño permanece sobre lo que viste nuestro hogar, la decoración.

 

Otra de las vertientes de mi capacidad de observación y escucha es la naturalidad con la que identifico las mejores opciones para cada uno desde sus propios parámetros personales. De esta capacidad surgen dormitorios de acuerdo a la manera peculiar en la que cada uno vive el descanso. No todos necesitamos lo mismo ni en la misma medida. Todos somos diferentes y todos tenemos la posibilidad de vivir nuestra individualidad sin restricciones de modas o paradigmas obsoletos.

De hecho, siento una gran desilusion cuando descubro la limitación de algunas personas a vivir como desean y pueden permitirse y sin embargo no lo ven posible.

Quizás otros profesionales son capaces de convencer, de llevar al cliente hacia donde el proyecto marca, pero esto para mi es imposible y de intentarlo no me sentiría honesta conmigo misma ni con los demás tampoco.

De la misma manera que los espacios en los que transcurre nuestra vida afecta, influye e impacta en nuestro estado de ánimo, creo firmemente en que nuestros actos nos definen y marcan irremediablemente el peso o ligereza con la que vivimos. Yo soy de respetar, ir ligera y mostrar a quien le interesa. Disfruto con lo que hago y para mi es una forma de vida, la que he elegido y a la que soy fiel.

                            Detalles del día a día creando tu hogar:  

                          Profundidad y respeto mutuo en el servicio

  Actualmente existe lo que yo llamo el virus de la sobrevaloración del hacer sobre el pensar o sobre el buen hacer.

Para el cliente no se trata de hacer una lista de deseos inconexos, escrita a ratos o sin tratarlo con el resto de habitantes. No. De la misma manera mi trabajo, no consiste en hacer y hacer sin sentido o bajo mi sentido. No se trata de hacer un proyecto más, sino un proyecto que funcione, que emocione, que acompañe, que dote de bienestar y que enriquezca las relaciones desde el confort.  Un proyecto que perdure. Se trata en ambos casos de saber hacer. Saber pensar, saber decidir, saber identificar o distinguir lo que nos gusta de lo que nos funciona, lo que nos emociona de lo que nos recuerda o lo adecuado sobre lo conocido.

Es un proceso de autodescubrimiento para el cliente en el que lo acompaño y guio a través del proyecto de su casa. En este proceso es fundamental atender a ciertas situaciones que se dan siempre y cuya gestión determina la calidad del resultado final.

A menudo me encuentro con clientes que se resisten al cambio incluso habiendo decidido cambiar. Personas que descubren resistencias irracionales o desempolvan recuerdos ya olvidados de su infancia o adolescencia que surgen al reconocer una textura, un material o el estilo de un mueble. Incluso personas con rolles en la vida de cierta incertidumbre se descubren así mismos temerosos de “equivocarse” en la elección de la distribución de su casa o sobre el tamaño de sus dormitorios. Es normal. El hogar es uno de los terrenos (si no el único) en el que nos mostramos sin caretas, sin artificios, sin nuestro roll social e incluso familiar. Debido a esta intimidad asociada a nuestro hogar, a medida que avanza el proyecto  afloran irremediablemente miedos y ambiciones a menudo prohibidas en la vida “de fuera” y es mi trabajo y mi compromiso llevar al cliente a un escenario seguro desde el que poder decidir y cocrear conmigo ese refugio en el que ser ellos mismos porque indudablemente, nuestra versión más natural y más hermosa la mostramos en nuestro hogar y ante los nuestros. No pasa nada por sentir incertidumbre, o incluso miedo de la misma manera que no pasa nada por desear más o sentirnos merecedores de la belleza.

A efectos prácticos, esto constituye un punto de inflexión en mi trabajo. Están las personas que no se dejan llevar por lo que se les mueve por dentro al crear su hogar y los que sí.

Mi vida seguirá igual en cualquiera de los dos casos: siempre perseguiré el bienestar a través de la vivienda pero yo no soy de imponer, obligar y mucho menos entrometerme. Siempre que el cliente me invita a recorrer el camino de autodescubrimiento que le reportara su implicación en el proyecto estaré allí para guiarlo, pero si el cliente solo persigue tener una casa bonita también la tendrá: Todos mis servicios tienen distinta profundidad en función del interés, curiosidad y motivación del cliente.

Por lo tanto, para lograr un resultado perfecto en forma, expectativas, realidad y diseño es importante que tanto el cliente como yo nos respetemos los ritmos, los tiempos y la comunicación fluida y sincera.